Sergio y Javier Torres: de las tres Estrellas Michelin a la barra del mercado.

Para nosotros, la cocina nunca ha sido una cuestión de estatus, sino de memoria. Después de alcanzar la cumbre gastronómica y consolidar nuestra obsesión por el producto, sentíamos la necesidad vital de volver al lugar donde empezó todo. Parada Torres no es solo un restaurante; es nuestro regreso a casa, al bullicio de Santa Caterina y a la cocina honesta que aprendimos a amar cuando apenas levantábamos un palmo del suelo.

Los hermanos Sergio y Javier Torres caminando sonrientes entre las paradas de carne y embutidos del mercado.

"Nosotros nos criamos subidos a una caja de cervezas"

Mucha gente nos conoce por las chaquetillas impolutas y los reconocimientos, pero la realidad es que nosotros venimos de ese jaleo de barrio. Nuestros padres tuvieron un bar de toda la vida, el Bar Plaza. Nos hemos criado allí dentro, subidos a una caja de madera para llegar a la barra, tirando cañas, sirviendo cafés y escuchando las historias de los clientes. Llevamos el alma de bar grabada a fuego. Por eso queríamos que Parada Torres tuviera ese toque canalla, informal y rumbero: un quiosco central abierto donde se comparte la vida, se brinda con un porrón y la alta gastronomía se baja a la tierra para que la disfrute todo el mundo.

El éxito era esto: volver a las raíces.

Durante años, nuestro único objetivo profesional fue conseguir las Tres Estrellas Michelin. Trabajamos sin descanso, con disciplina y con una obsesión enfermiza por la excelencia técnica. Ya lo hemos conseguido. Y una vez estás en la cima, te das cuenta de que el verdadero lujo es poder cocinar los platos de tu infancia en el mercado de tu barrio, sin etiquetas ni protocolos. Parada Torres es nuestra propuesta más libre, más humilde y más honesta. Cocina de mercado hecha por cocineros, para la gente de todos los días.